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ODA A UN LECHUGO
Con cara de fumao/ Vas allá donde crees que debes estar/ Sin embargo eres sólo sombra/ Y fantasmas aquellos que siguen a tus espaldas.//
Con preguntas respondes/ Y tus respuestas no son nada,/ Solo la fidelidad de tu creencia/ Que eres “el txerif” del terreno que dominas.//
Incauto ser verde/ O que se fuma productos alienantes,/ Que sepas que aunque mucho te puedas creer/ Siempre habrá más jóvenes/ Y que estos, con un poco de habilidad,/ Y no los espasmosos que esperan tus migajas,/ Podrán superarte con creces/ En un mundo, que casi seguro/ Te olvidará eternamente.
P.D.: A la Viki y a servidora nos tuvo fritas / a pesar del empeño puesto/ en ser agradables y sensatas/ ante tal bestia parda.//
Vista la inmundicia/ y final de nuestra batalla/ sólo nos quedo la resignación/ y espera/ a que mounstros y animales como el Lechugo/ desaparezcan sin dejar huella.// FIN
Mi paso por Lleida puede llegar a ser una anécdota divertida más en mi curriculo de sucesos conflictivos con mi psique y el entorno que lo rodea. Bien. Imitando el bien nacido Woody Allen, el conflicto de vivir en una sociedad donde los elementos más cotidianos pueden alinearse en las teorías más “freudianas”, el constante divagar y pasar de ideas, así como la pretensión de ser cada mañana mejor de cómo nos hemos acostado, el paso por Lleida debo de reconocer que causó que cada noche dejara a mi querida colega Viki leyendo en la soledad de una habitación un libro mientras yo a los cinco minutos de haberme acostado me quedaba sopa.
El primer día, donde las charlas en catalán y en español no tenían parangon, la asistencia rozo las doce horas sin pestañear. No quiero decir que se nos hiciera pesado, sólo que la resistencia humana dentro de un habitáculo lleno de humedad y calenturiento, no es la mejor situación como para que sea prolongada. Esto es, el primer día, a pesar de la “peaso” cena que nos metimos la Viki y servidora entre pecho y espalda, fue agotante.
La cuestión principal que se declaró desde un primer momento en los debates que surgieron tras las charlas fue la diferencia que hay entre la arqueología de gestión y la de investigación. Pregunta inherente para el mundo de la arqueología, que quizá, si hubiesemos estado en otro entorno y en otra situación no tan fulminante, hubiesemos aportado nuestras opiniones a esa charla.
Las excursiones del día siguiente no tuvieron comparación con nada de lo vivido en mis 25 años; las visitas, sus comentarios, los guías… bueno, era todo como de otro planeta; y qué decir de la comida. Sin embargo, los estudiantes que pudimos conocer allí, personas que nos doblaban la edad y que se habían apuntado a estudiar historia a pesar de tener otros trabajos a los que dedicar su vida, fueron excepcionales. Unas personas sensatas, huamanas y sencillas, ilusionadas por el nuevo proyecto universitario que habían iniciado a pesar de que sus vidas no estarían lejos de estar colmadas de variadas experiencias. Los años y la experiencia vital les hacía disfrutar de la carrera de Historia como pocos iniciados en la Licenciatura menores que ellos, podían hacerlo.
La verdad, llegó un momento en que los envidié por la ilusión que mostraban, por lo expectantes que se les veía a la hora de conocer más sobre el oficio del arqueólogo y por el respeto que mostraban en la conversación. Un privilegio haberlos conocido y es por eso que quiero enviar un gran beso a ese grupo de amigos que hicimos en aquella comida en Algerri.

Esandakoak