Bizi garen XXI. mende honetan Mary Shelleyk “Frankestein” obra idatzi zueneko gizartetik ez gara hainbeste desberditzen. Are gehiago esan dezaket, zientziaren inguruan sortzen diren gaiek urduritasun handiagoa sortzen dute gure gizartean, antzina baino; XIX. mendean ez bezala, informazio bide gehiago ditugu, hortaz, informazioak, gizarte maila guztietara iristeko bidea du. Hau horrela izanik, notizia zientifikoen hedapena handia da, baina ez hauen informazio zehatza eta argia; informazio iturri desberdinetatik datorkigun datu oro barneratzeko kapazidadea duen gizartea gara, baina aldiz informazio honen barneraketa kritikoa egiteko kaxkar xamarrak gara.

Gaur egun zelula amen inguruan dugun eztabaida honen adibiderik garbiena da.

Notizia asko helarazten zaizkigu hedabide guztietatik eta gehienetan informazioa zehatza ez izan arren, eta nolabaiteko ez jakintasuna gidari, guk geure iritzia antolatzen dugu geure pentsamoldearen arabera, beste alderik hausnartu gabe. Horrela, zelula amekin praktika zientifikoak egotearen arriskuak ikus ditzakegu, baina, aldiz, honek gizartera ekarriko dituen onurak ahantzi egiten ditugu.

Zientziak dakartzan aurrerakuntza zientifikoek beti izango dute zer edo zer kritikagarri. Naturaren osaketa eta ibilbidea eraldatzen ari garen heinean, gure gizatasun formak ere eraldatu behar dira. Beste era batera esanda, zientziak dakarren iraultzari, gizartearen iraultza gehitu behar zaio.

Oso zaila da pertsonen pentsamoldea eraldatzea, batez ere norbanakoaren etika egoera berri batera moldatu behar denean. Gizarteak informazioa jaso ondoren, era positiboan barneratu behar du eta hortik iraultza etor daiteke. XIX. mendean giza gorputzarekin esperimentuak egitea gaizki ikusita zegoen, baina garaiko gizarteak eztabaida luze baten ostean bere ikuspuntua aldatu ez balu, gaur egungo ongizatea ez litzateke posible izango. Shelley anderearen mendean, orduko pertsonei eta gizarteko eragileei zail egiten zitzaien onartzea gorputz desberdinez osatutako pertsona batek bizirik irautea; are gehiago, pertsona askoren aburuz, gizaki gorputzen zati desberdinez osatutako munstro horrek ezinezkoa izango zuen gizakiok ditugun sentimenduak eta portaerak izatea. Baina praktika honi buruz egondako eztabaida askoren ondoren, kirurgiaren inguruko iritziak aldatuz joan ziren, gaur egun ditugun aurrerapen zientifikoetaraino. Egun ez zaigu arraroa iruditzen hildako osasuntsu baten organoak nahiz gorputz- zatiak hauen beharra duen beste pertsona bati jartzea.

Nire ustez argi dago gizarteak gero eta informazio gehiago behar duela, baina informazio hau barneratzeko lanabesak erakutsi behar dira. Zientziak ez digu inoiz zuzenean ezer txarrik ekarriko, hori bai, aurrerapenak behar bezala erabiltzen baditugu. Etikak izan beharko luke zientziaren muga? Ez dut uste. Etika ezin daiteke zientziaren gidari izan, honen eraldaketa prozesua pertsonen pentsamoldearen antzera oso mantso ematen baita; eta hausnarketak zientifikoak etikaren esku egongo balira kasu askotan aurrerakuntzak bertan behera geldituko lirateke.

Un post escueto pero lleno de significado, sobre todo personal, ya que nunca en mi vida me había puesto a pensar de lo que haría al próximo año a finales del año que va a acabar. Supongo que estaré envejeciendo y me estaré haciendo a la dinámica de una sociedad dirigida a un colapso de despropósitos.

1. Despertar el día 1 de enero antes de las 15.00 de la tarde.

2. Empezar en el euskaltegi el 7 de enero, a las 19.00 de la tarde específicamente.

3. Salir en la tamborrada :P

4. Llegar vivita y coleando hasta el 7 de julio, mi cumple :)

5. Disfrutar y aprovecharme del paro para estudiar más.

6. Empezar la tesis (por lo menos a redactar el guión y desempolvar la tesina).

7. Ser persona en todo momento, hasta de juerga.

8. Volver a ver personas que no veo desde hace siglos.

Bufffff, y alguno más que tengo “in mente” pero ese me lo quedo para mí :P

Espero sobre todo que todos inicies de maravilla el 2009 y que pueda seguir vuestras “buenas nuevas” de muy cerca para poder estar celebrando vuestra felicidad!! ZORIONAK ETA URTE BERRI ON!

Estoy a escasos 4 días para iniciar mi primera andadura en esa inmensa y cada vez más amplia lista de números que somos los parados. No son las mejores fechas para volverse un número más, pero la inestabilidad laboral y el hartazgo sobre las condiciones de trabajo hacen mella en una persona como yo. Hace años cuando inicié mi camino por la arqueología conocía de sobra las dificultades que entrañaba insertarse en un mundo como es éste, donde el pleno empleo no existe y es habitual el tener que estar dando saltos de un lado a otro buscando el mejor de tus destinos.

Hace poco en un entrevista que nos hicieron a un grupo de colegas del curro, admitía que este trabajo llega causarte adicción y que en cierta manera es muy difícil deshacerte de la idea de ser arqueóloga. La realidad no va contigo, y aunque las expectativas de trabajo sean mínimas y demasiado encorsetadas en condicionantes que te dificultan un buen desarrollo profesional, el cariño y la vocación que se siente por esta profesión te hace difícil desarraigarte de la misma.

Sin embargo, creo que ha llegado la hora de intentarlo por primera vez en mi vida. Antes de dedicarme profesionalmente al mundo de la arqueología, cuando creía que era algo tan vocacional como poco remunerado, me dediqué a otros trabajos que te ayudaban, en cierta manera, a tener una visión más amplia de las oportunidades laborales que teníamos aquellos que salíamos de estudiar una carrera de humanidades.

Supongo que pasé del 2001 hasta el 2006 dedicándome a la arqueología, desarrollando mi tesina, siempre pensando en lo ilusionante que sería dedicarme algún día profesionalmente a este trabajo, pero sin esperar que aquello sucediera tan pronto. Y sucedió. Y de aquello ya va camino de tres años.

Cada descubrimiento, cada minuto pasado con mis compañeros trabajando en la tierra, cada momento celebrado por nuestros nuevos conocimientos, son unos minutos que si no me vuelvo a dedicar profesionalmente a la arqueología nunca voy a olvidar. Tranquilos compañeros, este no es un adiós a esta maravillosa profesión, sino que más bien lo veo como una oportunidad de alejarme, tomar una nueva perspectiva y volver a iniciar mi camino en lo que al mundo de la investigación se refiere. Hace unos años acabé la tesina y mi intención es seguir con la tesis, pero entiendo también que debido a la rutina y poca evolución en conocimientos han hecho que en cierta medida pierda de vista esa necesidad que tenía de producción científica.

Este es uno de los puntos por los que entiendo que alejarme un poco del trabajo me van a ayudar a tomar de nuevo conciencia de lo importante que es para mí el hecho de “conocer más”. Mi camino ahorita está más o menos claro: por un tiempo pasaré a formar parte del gremio de cajeras, o vendedoras, o… bueno, algo donde los títulos que pueda tener son poco valorados. Mientras me sacaré el EGA (que ya es hora), me apuntaré a varios cursos para conocer más técnicas (informática- diseño gráfico sobre todo) y seguiré construyendo con más tranquilidad el “corpus” de lo que quiero investigar.

Esta es una visión del paro que nunca hubiese creído tener, pero que he desarrollado sin pensármelo. ¡Qué leñes! Dicen que la crisis para el 2010 ya estará pasándose con lo que… ¿Quién sabe lo que haremos entonces? Mientras y si no sale nada mejor, a vivir que son dos días y a empeñarse a crecer más profesionalmente. El tiempo es oro, y en este caso la preparación es fundamental. Con lo que, un saludo compañeros y salud por aquellos que como yo pasáis a ser un número más en el INEM.

Hace poquito en Donostia hemos tenido que vivir de nuevo la violación de una chica por parte de un impresentable. Tras insistentes denuncias sobre la mala iluminación de la zona donde sucedió y el peligro que rezumaba de un entorno de escasa iluminación y comunicación, por fin tuvo que suceder. Y no es la primera.

Ayer para volver del concierto de Bunbury y tras dejar a la Viki en el topo me cogí un taxi. Hace años esta escena era algo impensable, “¡Maider cogiendo un taxi!” bueno, pues de un tiempo hacia aquí ya no es algo tan raro. Y es lo que comentaba con el taxista, la ciudad ha cambiado, ya no es el pequeño pueblico que era hace unos años y no creáis que tantos. Antes Donostia era una ciudad que podía hacer gala de su seguridad, de que las personas, sobre todo las chicas, podíamos volver a casa sin ningún problema, ni miedo. No había tantas broncas, ni peleas, robos, navajazos en la oscuridad o ya finalmente, violaciones (y para más inri, en el portal de tu casa).

El taxista me dio la razón y mientras íbamos hablando, pasamos por dos zonas donde se habían formado altercados entre “ninis” que no pasaban de los 16 años. ¡16 años y a las 05.00 de la mañana en la calle! ¿no tienen casa o qué? Esas horas siempre han sido adscribibles a los seres nocturnos, no a los “ninis” sin destetar. En fin, los fundamental es que dos grupillos de esos que se cortan el pelo con la cacerola en la cabeza y van con el tiro del pantalón por la rodillas estaban siendo identificados por la Guardia Municipal por enzarzarse con la otra banda o por liarla de mala manera.

El taxista alucinaba en colores. Y yo más.

Allá donde el tunel de Ondarreta parte Donostia en dos y empieza el Antiguo, la ciudad pierde el fuelle nocturno que la mantiene viva y es donde la tranquilidad del barrio a esas horas llama a la precaución del viandante. El taxista se quejaba de que tendría que haber más seguridad ciudadana, más patrullas a esas horas por las “zonas de habitación”. Y es que en nuestro barrio ya han sido varios los ataques a chicas en pocos años, además de los incesantes robos que está habiendo en garajes, coches, etc. últimamente.

Yo le conté que hasta el año pasado era de las personas que iba y venía a la noche con la bici, pero que dejé de hacer aquello ya que a esas horas no me fío de lo que me pueda encontrar en el garaje. Si bien es cierto, que ahora mismo ni me fío de lo que me pueda encontrar en el portal. La inseguridad es completa y se están juntando muchos casos en una ciudad que hasta ahora mantenía a raya todos estos asuntos.

Llegamos a mi portal y el taxista me comentó que se quedaba hasta que entrara al portal, que era una precaución mínima que tomaba ya por las noches con las chicas. Le pagué, abrí la puerta y hasta que no la cerré no se fue.

Donostia ya no es lo que era; se está convirtiendo en otra ciudad insegura. Hoy salía en la prensa que parece ser que el cuerpo de criminología de la Ertzaintza ha podido identificar al presunto violador a partir del modus operandis. Más aun, parece ser que tenía una causa pendiente con la justicia por una denuncia de tocamientos que hizo a otra chica en un ascensor. Vaya, que un pieza de mucho cuidado… Si sirviera para algo su acusación… Si se acabarán las agresiones… Si la justicia sirviera de verdad para reinsertar a estos mounstros en la sociedad pero ya como personas…

Ayer Bunbury tocaba en mi querida ciudad, en el Velódromo “Antonio Elorza” o de Anoeta como le hemos llamado siempre. Fue la Viki la que unas semanas antes se había preocupado de comprar entradas para las dos y me invitó :)

El concierto estuvo muy bien y no me decepcionó en absoluto ver en directo a Bunbury. Y es que la Viki tenía razón cuando decía que Bunbury gana con sus directos. Bunbury se crece, se hace grandísimo (a pesar de tener que pasar tres veces por el escenario para poder verlo por estar tan delgado) y estalla de una manera asombrosa con canciones tan conocidas como “Lady Blue”, “Viento a favor” o las del último disco como “Hay muy poca gente”.

Bunbury es lo más cercano a la época del Glam en el siglo XXI. Es puro glamour sobre el escenario, es un poeta, un showman… Es Bunbury. Son pocas las palabras las que hay en el diccionario para describir qué es Bunbury.

Ñiiii, Josu, no sé porqué pero me imaginaba que serías tú quien me haría llegar el “meme” esta vez… En fin, jejeje, no me voy a quejar, que no es tan laborioso como podría ser. ¿Qué 6 cosas me hacen sentir mejor? Buenoooo, hay muchas cosas que me hacen sentir bien, a ver si puedo sintetizarlas en 6 puntos:

1. Hacer el trabajo bien hecho y ver los resultados (positivos, claros)

2. Subir a una cima, que me cueste llegar mucho- mucho a ella, llegar y admirar un extraordinario paisaje.

3. Ayudar/ colaborar en proyectos, trabajos, situaciones (…) que no tengan que ver nada con los míos y saber que el esfuerzo invertido tendrá buenos resultados.

4. Viajar y aprovechar el viaje hasta el límite (hace muuuucho tiempo que no lo hago, portzierto).

5. Aprovechar las mañanas de los fines de semanas para producir, aprender, investigar, conocer (que no trabajar)

6. El momento en el que pierdes miedo a la hoja en blanco a la hora de escribir.

Ufffff, me ha costado elegir ¿eh? Ale, como tengo que seguir currando este meme se lo paso a Harri y a  Juankar. ¡Qué os aproveche!

Llevo un par de semanas, y meses diría yo, con un debate interno abierto y abrumador sobre mi futuro profesional. Sí, la arqueología es lo que elegí yo, pero también soy consciente que la posibilidades de poder seguir en ella durante los años de crisis es casi un sueño; a no ser que me encuentre con un ricachón que quiera seguir pagando por mis trabajos (cuestión que lo dudo mucho). Siendo realista, la arqueología es un producto en este siglo XXI de una sociedad donde una gran parte de sus ciudadanos han copado las necesidades primarias, secundarias y ahora se lanzan en comprar y en saciar sus necesidades intelectuales- ociosas, más allá de la necesidad de producir para sobrevivir.

La creación de parques con una temática histórica, la intervención arqueológica de verano subvencionada por una institución para que puedan ir sus chavales a trabajar y a pasar el verano, la puesta en valor de monumentos, o las investigaciones históricas son un producto que en su época nació de una élite para una élite y que ahora mismo, cuando estamos en crisis, de nuevo toma esa forma. La administración pública no puede soportar un gasto de ese estilo en sus arcas, y normalmente empiezan a recortar de donde más nos duele, de Cultura.

Y así transcurre nuestra vida. Clavados en una profesión que todos la tildan como bohemia, intentado demostrar que no es así, que nuestro conocimiento es necesario para el devenir de nuestra sociedad, y suicidándonos (con la ayuda de otros agentes) cada vez que viene una crisis. Y es que la Viki ya decía, que cuando el ladrillo entrara en crisis, nosotros nos iríamos al pique.

¿Y qué nos queda por el camino, además de encontrarnos con un ricachón? Pues la posibilidades son varias, aunque reducidas. Siempre he tenido in mente que el ser de humanidades te reducía totalmente la posibilidad de hallar un empleo de una manera natural, una vez terminada la carrera. Y ya si hablamos de las carreras de “letras puras”, ni os cuento. Además de que las becas escasean, ninguna institución te da una cobertura estable en las profesiones relacionadas con estos estudios (sino es siendo profesor, claro) y más aun, olvídate de que te metan en el saco de investigador, sólo muy pocos llegan a ser tomados seriamente como ello… La situación es negra-negra y te lleva directamente a empezar a buscar oposiciones como una posesa.

Otra clave podría ser la de seguir cursando estudios, mientras te mantienes con diferentes trabajos, becas, etc. La tesina, tesis… o si quieres abrir un poco más tu abanico de conocimientos y eres valiente, sacándote otra licenciatura como derecho, periodismo, ciencias ambientales… O centrándote en los idiomas teniendo como objetivo el aprendizaje del chino que es donde está el futuro.

Miles de posibilidades y miles de caminos para resolver una crisis laboral personal. Dicen que las crisis nunca son malas, y que si se saben encauzar ayudan a fortalecerse más y a renovarse totalmente. Puede ser. Pero quizá siempre te queda ese sentimiento de frustración hacia la administración pública, ya que ni en tiempos de bonanzas, son pocos los momentos en los que han hecho por fomentar con más ímpetu ese aspecto cultural y dar una salida a todas esas personas que nos queremos dedicar a la investigación “no aplicada” con más becas, ayudas, puestos de trabajo, etc.

Y no es que siempre tengan la culpa las instituciones de nuestros males (cada uno al fin y al cabo se labra el camino que escoge), pero sí que son, normalmente, un factor condicionante a la larga, poco cambiante y escasamente sensibilizado y demasiado bruocratizado.

 En fin, llevo tiempo sin escribir, y como siempre ha sido un cúmulo de circunstancias las que me han tenido alejada de todos los medios de internet que tengo abiertos.

Como muchos sabéis, ya llevo casi 4 meses en Navarra, ahora ya estoy apunto de finalizar mi estancia temporal aquí y vuelvo a mi primera casita, en Donostia. Bueno, a estas alturas, tanto la casa de Lerin como la de Donostia tienen la misma categoría de primera vivienda.

Los dos proyectos de excavaciones han ido sobre ruedas y he de confirmar que los resultados han sido indudablemente positivos yalentadores para que siga en mi empeño de hacer finalmente la tesis que llevo tantos años esperando. Ese es uno mis objetivos de vida, más claros, que sé que voy bien encaminada, aunque me cueste un poco de tiempo (sobre todo por la búsqueda de tiempo y posibles que puedan convertirse en tiempo; hoy por hoy, el tiempo se traduce en euros… hasta la producción de conocimientos se iguala a los euros de los que dependas).

Bien, hace más de un mes desaparecí del entorno de internet tras pisar, sin querer lo juro, el modem de que me permitía conectar con vosotros. Y la verdad es que en Lerin no hay ni wifi, ni wifo… Y no hay mal que por bien no venga, ya que al desaparecer todo juguete informático de mis manos ha hecho que me centre más en algunas cuestiones de estudios que necesitaban de más dedicación.

La lluvia y la incomunicación han sido mis aliados…

Y mientras escribo estas líneas pasan una a una todas las imágenes de este año. Ahora que me encuentro en casa, sola, con la calefacción puesta, un chaparrón impresionante fuera, y escribiéndoos a aquellos que me soléis leer y que hace tiempo no sabíais nada de mí, es cuando vuestras imágenes aparecen en mi memoria. Supongo que de nuevo los factores convergen para crear esta situación.

Estoy bien, gracias. Un poco liada, como siempre. Trabajando en mundos paralelos y queriendo creer que el futuro será un poco más sencillo, más agradecido y cálido. El invierno se nos está echando poco a poco encima, y noto como el toro va a hacer su aparición dentro de nada. ¡Estamos a un mes de diciembre! Jejeje, ya empiezo a encender los motores…

Encantada amigos de volver a contactar con vosotros…

Cada vez lo tengo más claro, el mundo se divide en dos tipos de persona: las que podríamos decir que tienen “sangre en las venas” y las que clarísimamente “no tienen ni horchata en ellas”.

En esta distinción de toda una humanidad, y aun en peligro de poder caer en una discriminación psicológica- sociológica, os aseguro que no pondré tabues en esta entrada que tiene como objetivo meterse con aquellas que “no tienen ni venas” por no tener.

En el trabajo, en una tienda, en un servicio proporcionado por la administración, en la taberna… siempre- siempre- siempre tiene que haber un “especimen” lánguido, alicaído, que parece que tiene que pagarte para hacer un servicio, sin ganas ni motivación alguna, muerto en vida o quizá un zombie en toda regla. Un segundo delante de este tipo de personas es como si pasara una vida entera delante de tus ojos: los segundos se convierten eternos, y como fue el caso que nos sucedió a la Viki y a servidora ayer, en una tienda de vodafone puedes acabar muerta de los nervios si tienes una dependienta que por cada acción que hace tiene que pasar media hora.

Bien, señores, todos esto se resume al carácter de cada cual, bien… pero no me conformo. No puedo entender como puede darse curro a ese tipo de personas, sobre todo de cada al público, cuando lo que se busca es la eficacia y eficiencia instantánea. Esas personas son capaces de rebajar la espuma de la cerveza con sólo mirarla. ¡Qué horror!

Y sí, ayer decidí discriminar a este tipo de seres que son más semejantes a un container de horchata que a seres humanos, movidos por sueños e ilusionados por vivir. La apatía y la desnutrición sentimental espero que no sean un mal endémico de la sociedad en la que vivimos, porque no creo que fuera capaz de soportar a millones de personas con ese talante tan… ¡SOSO!

En fin, ya me he desahogado. Sólo quiero dar mi voto a todas esas personas que sienten cada segundo como si fuese un trocillo de su vida; por aquellos que viven intensamente y no se pierden en los días, sin sentirlos, sin degustarlos. Brindo por todos aquellos que se despiertan ilusionados y motivados por todo aquello que les espera en el día a día. Y me ilusiono por saber que no soy la única que piensa de esta manera :)

A pocos minutos de dar las seis en punto recibí una sorpresa en el día de ayer: un amigo me invitaba a ver el concierto del Boss que daba en Anoeta y para el cual ya estaban agotadas las entradas. Tras pensármelo unos cuantos minutos accedí a acompañarle, a pesar de que nunca había seguido la discografía de este astro musical. Y es que cuando a los americanos se refiere, algo con gran marca de americanismo nunca me interesó.

Para las seis y media ya estábamos allí, entrando a la jaula más cercana al escenario. El concierto empezaba a las 22.00. Sin embargo, aquello nos sirvió para estar hablando tranquilamente y coger un poco más de sol, ya que el día de ayer fue maravilloso.

El comienzo del concierto fue atronador y pronto comprendí el porqué se le denomina “el Jefe” del rock & roll. Su puesta en escena, la complicidad con la banda, la intensidad, la cercanía con el público y demás cuestiones que los fans suelen agradecer de corazón, aquel concierto de ayer fue una inyección contínua de adrenalina.

Hoy es el día en el que me rindo a su mito y recomiendo a todo el mundo que si tienen oportunidad que vayan a ver uno de los mejores conciertos que van a ver en su vida. Ese gran hombre, con 59 años, es el exponente de una generación que aun no ha muerto y que mueve a masas de todas las generaciones. Es el Boss, y yo por lo menos, de ayer en adelante, no lo volveré a poner en duda.

Gracias Bruce!

Entradas siguientes »